TicketSwap en BIME
Un lounge para quedarse. BIME es uno de los grandes encuentros internacionales de la industria musical. Durante tres días, el Euskalduna se llena de stands que compiten a la vez por la atención, en un edificio amplio, luminoso y bastante frío. TicketSwap, la plataforma neerlandesa de compraventa segura de entradas, quería algo distinto: un sitio al que la gente se acercara y en el que acabara quedándose, que tuviera vida durante todo el día y que mostrara una marca cercana a la escena local.
Web TicketSwapService Provided
- 01Naming y estrategia de nombre
- 02Concepto y dirección creativa
- 03Dirección de arte
- 04Diseño de la experiencia
- 05Brand spaces / espacios de marca
- 06Inauguraciones y ferias
- 07Dirección y coordinación de proveedores
- 08Guion y contenidos del evento
- 09Producción y coordinación del evento
En BeNorth diseñamos un lounge pensado como punto de encuentro para profesionales de la música, y nos encargamos también de su producción y montaje. Lo llamamos Entzun, «escucha» en euskera: un lugar para escuchar música, para escuchar a quien tienes enfrente y para hablar con calma en mitad del ritmo de la feria.
Para que el espacio se sintiera cálido en un edificio de terrazo y hormigón, cubrimos el suelo con alfombras persas, combinamos butacas y sofás de cuero distintos entre sí y bajamos toda la luz con lámparas de pie y de mesa. Todo se montó sin anclar ni perforar nada en el edificio.
Como empresa B Corp, intentamos que nuestros proyectos generen el menor impacto posible, así que casi todo lo que formaba el lounge ya había tenido una vida anterior. Buscamos las piezas en anticuarios, centros de recuperación y proveedores de alquiler, la mayoría a menos de 100 km del Euskalduna. Lo único que fabricamos fue el frontal de la cabina, con madera recuperada.
La música tuvo un papel central. Durante los tres días, el lounge acogió listening sessions en vinilo con DJs que seleccionamos para la ocasión, cada uno con su propia selección, y que fueron marcando el ambiente del espacio. El café, servido en el propio espacio y acompañado de bollos de Arrese, se convirtió en otro de los momentos de encuentro. Y todo, siempre a un volumen que permitiera seguir conversando.